Las Emergencias …..otra vez Andrés con la misma estupidez……

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Eso decíamos cuando éramos niños y cuando repetíamos los mismos errores una y otra vez, lo mismo pasa ahora cuando estamos en estado de emergencia por el caso de los huaicos, o heladas o friaje, siempre es lo mismo. La misma estupidez.

Nadie previene nada y cuando las cosas pasan la gente se pone loca y tratan de ayudar (lo cual no es malo) también a la loca. Todo en desorden, cada uno por su cuenta y es más lo que se habla por el chat que por lo que se hace por ayudar.

Pero nada de esto tendría que pasar si trabajáramos con visión de futuro y sabiendo que realmente estas cosas tienen que pasarnos algún día, sí o sí. Demos gracias que no viene algún terremoto, allí sí no tendremos agua, electricidad, comunicaciones, gasolina, comida, etc.

Cuando todo está tranquilo es cuando debemos aprovechar para prevenir, lo hacemos? No. Siempre esperamos que pase algo para recién sacar las leyes, hacer programas, hablar por radio y televisión, aprovechar para subir el precio de los alimentos, querer tener las soluciones técnicas a la mano, etc. Todo a último momento. Y luego dicen, como el estúpido alcalde que tenemos, que la “naturaleza le ganó a la ingeniería”. Los puentes no deben caerse si están bien diseñados y bien construidos, – existen hasta ahora puentes de la época de los incas que siguen en pie- ; lo que pasa es que con tanta corrupción las bases se hacen cada vez más chicas, con materiales pobres y mucho robo en la ejecución. Es obvio que se caigan al menor esfuerzo.

Yo escribo esto porque me indigna que sólo nos preocupemos cuando los hechos ya están pasando, a último momento. Me recuerda la época del terrorismo donde ya nos estábamos acostumbrando a las bombas en Lima y nadie decía nada, -qué piña que te tocó a ti nos decían-  hasta que despertamos cuando tocaron Tarata en un barrio rico.

Cada año el fenómeno del friaje y heladas se repite y lo seguirá haciendo siempre, pero salen los noticieros felices de encontrar muertes o mujeres saliendo del lodo y lo repiten mil veces, es lógico porque se tiene un buen ranking con nuestra morbosidad.

En el GRUPO PUCP hemos propuesto medidas y equipos para bombear agua, potabilizarla y difundirla gratuitamente, así como proyectos para calentar casas y crear botiquines solares de emergencia, etc. Pero no pasan los estándares de investigación que piden las convocatorias, queremos ser como los países desarrollados y sacar papers y patentes  antes de solucionar nuestros problemas. Para qué sirve la tecnología sino es para ayudar primero? Nuestras autoridades no la ven.

Y no hablo de los políticos que, apenas pasa algo malo, lo aprovechan para atacar a sus oponentes  y tratar de robar con todo, recordemos los parientes de Fujjimori tratando de vender ropas donadas, los negocios de Alan con el terremoto de Pisco que hasta ahora no se arregla, etc. Todo lo corrupto huele también a huaico.

Por qué me resiento y escribo? Les doy un ejemplo: En una convocatoria de inicios de este año a Ideas Audaces no fuimos aceptados (aunque el proyecto ya estaba colgado) porque faltaba una firma en un anexo.  El proyecto era un Botiquín de Emergencia Solar que daba energía eléctrica para linternas, cargar celulares e incluso producía su propia agua potable de la humedad del aire, todo al tacho. No se llegó ni a leer por razones burocráticas. Paradójicamente nos hubiese servido en estos días donde el clima en el Perú está muy bravo y las emergencias por agua se vienen en Lima y provincias. Pero…a llorar al río…aunque esté cargado.

Tampoco hablo de la ignorancia de nuestra gente que hace sus casas en el lecho del río, sabiendo que algún día vendrá el huaico y se los llevará; y les apuesto que vuelven a hacer sus casas allí otra vez. En Cusco hay un pueblito que se inunda todos los años y vuelven a regresar, por qué? Porque cada año les dan plata y comida como beneficiarios, el desastre ya se está convirtiendo en un buen negocio. Y ni hablar de los estúpidos choferes de ómnibus que cruzan los ríos cargados con los pasajeros dentro.

Acuérdense de lo que digo cuando todo esto pase y volvamos a la normalidad, nos olvidaremos otra vez de todo como si nada hubiese pasado, la prensa se callará y buscará otras noticias y escándalos hasta que regresen las muertes otra vez…y tampoco nos darán la oportunidad de sacar nuestros proyectos de Botiquines Solares o Casas Calientes o Deshumificadores potabilizadores u otros proyectos que tenemos para ayudar. Porque para prevenir no hay dinero y apostaría que también la corrupción ya debe estar metida en eso, como el caso de las medicinas para los auquénidos y los decretos de emergencia ya previstos para cada año del Ministerio de Agricultura. Todo apesta a huaico.

La verdad es que no me dan ganas de ayudar cuando sabes que las autoridades lo toman todo para su provecho y  porque cuando quieres ayudar a miles de personas no te lo permiten.

La ingeniería sirve, lo que no sirve son nuestras autoridades corruptas.

20 marzo 2017

 

ADENDA del 25 marzo 2017

He recibido de buena fe muchas críticas a este artículo pero tienen razón, es muy pesimista y desanima a los voluntarios que quieren ayudar y, además, no propone muchas cosas.

Muy interesante el artículo de abajo, por eso propongo hacer, desde ya, mesas y botiquines o mochilas solares que deberían estar en la PUCP funcionando todo el año y utilizado por los alumnos (e incluso hecho por voluntarios PUCP) y que cuando haya alguna tragedia se lleven como préstamos a las comunidades afectadas hasta que no la necesiten, luego que lo devuelvan otra vez, así tendríamos cantidad de cosas para ayudar cada vez que sucede algo, cosas efectivas que podemos llevar inmediatamente cuando sucede el evento. Ya no estaríamos llenándonos de reuniones ni de voluntarios que no saben qué hacer y sus motivaciones de ayudar se apagan cuando ven que no sirven de mucho.

Un plan de ingeniería para esto sería ideal ya para que otra tragedia nos puede agarrar desprevenido

Toda la recaudación de la venta de los eventos de los 100 años PUCP – que el rector dijo ayer -nos puede servir para construir estas mesas y mochilas solares, antes que se lo den a la DARS y se vaya en voluntariado

 

 

Muy interesante el artículo de abajo, lo que les decía:

 

Columna de Diego Macera, Gerente del Instituto Peruano de Economía (IPE), publicada en el diario El Comercio.

 

“El altruismo efectivo puede ser menos personalmente placentero, menos romántico, más difícil, pero impacta mucho más”.

 

EL VOLUNTARIO FIGURETTI

 

Los desbordes nacionales que más han llamado la atención durante las últimas semanas no han sido necesariamente los de piedras y lodo, sino los de solidaridad. Miles de voluntarios de todas las clases sociales y rincones del país, organizados y desorganizados, han inundado los centros de acopio de donaciones y han llegado como han podido hasta los puntos críticos de emergencia llevando agua, ayuda y esperanza.

 

Ante esto, no han faltado los que cuestionan la motivación de algunos. Los que piden donaciones por redes sociales no serían más que voluntarios de Facebook, estimulados por ‘likes’ antes que por solidaridad. Para los criticones, los que comparten fotos de sus donaciones o comentan abiertamente acerca de su experiencia de ayuda en Carapongo entrarían en tensión con Mateo 6-2: “Cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas […] para ser alabados por los hombres”. Más que un legítimo interés por ayudar, los acusan de voluntarios figuretti.

 

Sin embargo, para efectos prácticos, esta discusión parece importar poco. A la señora que perdió todo en Huarmey le da exactamente igual si la ayuda que recibe viene de alguien genuinamente altruista, que los hay a montones, o de alguien que está buscando el mejor ángulo “pal Face”. Si la motivación que necesitan algunos para poner el hombro es una cámara, un ‘like’, o incluso un voto, bienvenida sea; más daño hacen los que solo critican desde su sofá en Surco. El peor tipo de ayuda es el que no llega.

 

Pero decía yo que esta discusión importa poco solo en apariencia porque sí existe una dimensión en que la motivación del donante o voluntario es relevante, y mucho. En teoría del altruismo existe el efecto ‘warm-glow’. Este consiste en la satisfacción personal que uno recibe por ayudar al prójimo. En la medida en que el donante o voluntario ‘warm-glow’ se siente mejor consigo mismo luego de ayudar -“¡debería haber más gente como yo!”-, el acto de desprendimiento se trataría también de altruismo impuro o -en el peor de los casos- de ego camuflado.

 

Pero si decíamos que no importaba que la persona que extendía al damnificado la botella de agua hiciera tocar las trompetas antes de entregarla, seguramente importará aun menos que quien reparte los víveres en Cajamarquilla reciba cierta satisfacción personal al hacerlo. Total, lo importante es que la ayuda llegue, ¿o no? Esto es casi siempre verdad; las personas muy productivas son la excepción.

 

Si se trata de generar el mayor impacto, las personas altamente productivas y que tienen la posibilidad de trabajar horas extras están siendo poco eficientes al donar su tiempo al acopio o entrega de víveres. Un ingeniero capacitado que -por ejemplo- puede dictar un curso de medio día en un diplomado universitario que paga US$80 dólares la hora no debería pasar su tarde embalando bolsas de comida en el sótano del coliseo Dibós. Si de verdad quiere ayudar al máximo, debe donar los cientos de dólares que genera en una tarde con lo que conoce bien -ingeniería- para comprar cientos de bolsas de comida o incluso para pagarles a varias personas para que las embalen. Eso es altruismo efectivo.

 

Hay, por supuesto, un importante sentido de comunidad, de horizontalidad y de íntima solidaridad con el prójimo que se pierde con esta perspectiva de altruismo efectivo, sobre todo si se trata de figuras públicas. La esencia del acto voluntario parece aquí vaciarse de empatía comunitaria para llenarse de frío cálculo. Pero el riesgo es que sean el altruismo figueretti o el altruismo ‘warm-glow’ los que lleven a personas altamente productivas a usar su tiempo en actividades que no aportan el mayor valor para las personas necesitadas. El altruismo efectivo puede ser menos personalmente placentero, menos romántico, más difícil, pero impacta mucho más.

 

Dicen que no hay nada más gratificante que ver en directo la sonrisa de la persona a la que ayudaste. Pues bien, para algunos, ese es justamente el problema.